EL AMOR HUMANO, EVOLUCIONADO Y DIVINO

10 octubre, 2012
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En cada uno de nosotros existen realidades diferentes: una realidad física y material, gobernada la mayor parte del tiempo por nuestro ego, y una realidad espiritual, como expresión de nuestra esencia, de nuestra alma. Como no podía ser de otra manera, cada una de las dos realidades toma para sí las distintas energías, fuerzas, etc., dándoles una forma u otra, según sea la perspectiva.

En el caso del amor, éste es visto de una forma muy diferente ya sea vivido desde lo espiritual o lo físico. Me gusta diferenciar al amor, clasificándolo en tres formas: un amor en minúsculas, que corresponde al «Amor Humano», al físico y material; un AMOR en mayúsculas, que corresponde a un «Amor Evolucionado», característico de las personas espirituales; y un «Amor Divino», nacido en lo más profundo de nuestro ser, el alma, y en correspondencia con todo el Universo.

El Amor Humano es el que sentimos por aquellos seres u objetos que de una manera u otra nos hacen sentir bien, que nace de nuestro ego, y por tanto, su fin es el de satisfacernos a nosotros mismos. Es el que, dada su procedencia, exige que la otra parte nos siga ofreciendo aquello tan valioso que nos hace «amarlo». En realidad, más que el acto de amar, sería el de «querer», porque nace del deseo de tener, de sentir, de poseer, de disfrutar, o de llenar el vacío que habita en nosotros. Este tipo de amor, en minúsculas, es en realidad, una forma desdibujada del verdadero AMOR, y es el causante de graves conflictos personales, sociales y de pareja.

Si mi sentimiento por mi pareja nace a partir de “lo que me da», de lo que “me hace sentir” o de que “me hace feliz»; es bastante probable que el miedo a perder esa fuente de placer y «felicidad» desemboque en una profunda inseguridad o actitud defensiva. Al mismo tiempo, a pesar de que tratemos de que la otra persona sea «feliz» y nos esforcemos en ello, en el fondo, no lo hacemos de forma incondicional, sino como una manera de defender nuestra preciada «posesión» y nuestros privilegios. De esta manera, este amor humano está muy alejado del incondicional, característico del Amor Evolucionado o del Amor Divino, que nacen del alma.

El Amor Evolucionado es profundo, nace de lo más hondo de nuestro ser: de nuestra alma. A diferencia del Amor Humano, no pone como condición que aquello que amamos nos ofrezca placer, nos llene o nos corresponda. Podemos sentirlo, incluso, por alguien que nos daña y nos agrede (esto no tiene relación con la dependencia, que origina la aceptación de la agresión, si con ella se evita el abandono o el rechazado). El Amor Evolucionado es incondicional, es el que ofrecemos sin pedir nada a cambio; el que damos en vez de recibir o tomar. Cuando amamos así, nuestro fin no es ser «felices», sino hacer feliz a la persona que tenemos enfrente; y es así como llega a nosotros la «felicidad».

En las relaciones de pareja, cuando nos unimos con otra persona porque nos hace felices o nos complementa, a pesar de ser algo «natural», esto es realmente un problema grave. Si el estar con una persona significa alcanzar una «felicidad» que por nosotros mismos somos incapaces de conseguir, es fácil crear un lazo de dependencia, que inevitablemente, resultará tremendamente destructivo para la relación. De esta forma, no amamos, queremos. ¡Queremos porque necesitamos! Cuando nuestro estado emocional depende de una persona, y cuanto más la necesitamos para ser felices, más miedo tenemos a vivir sin ella. Entonces, consciente o inconscientemente, nos volvemos más inseguros, posesivos, celosos y exigentes para seguir manteniendo nuestro privilegiado estado.

En nuestro mundo, la mayoría de las relaciones de pareja están basadas, lamentablemente, en un Amor Humano; por tanto, nuestras sociedades están formadas por sentimientos egoístas que fomentan la confrontación y los conflictos entre todos nosotros. Una familia basada en una unión de Amor Humano, aportará valores y ejemplos a sus miembros que extenderán aún más, si cabe, esta forma de amor que deberíamos empezar a dejar atrás. Sé que no es fácil…

Para comenzar una relación de pareja, deberíamos haber alcanzado, antes, la capacidad de ser «felices» por nosotros mismos; sin necesidad de nada ni de nadie que la provoque. Sólo así seremos capaces de mantener una relación sana, constructiva y madura con otra persona; que nos haga crecer y evolucionar como seres individuales y como pareja.

En realidad, el AMOR es una «fuerza» mucho mayor y más elevada de lo que históricamente el grueso de las sociedades ha entendido, focalizando de forma enfermiza en el amor romántico o de pareja.

El amor es el «pegamento de Dios» del que hablaremos en el próximo número de nuestra revista.

Daniel Sotelino dirige la revista digital Serendipity in the Way, en ella escribe de forma habitual y comparte con todo aquel que así lo desea, su visión personal del universo y su forma de entender la vida. Daniel Sotelino es autor del libro "La Fórmula de la Felicidad". En él comparte la sabiduría encontrada a lo largo de la historia y ofrece las claves para alcanzar esa FELICIDAD con mayúsculas que todos anhelamos en lo más profundo de nuestros corazones.
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One Response to EL AMOR HUMANO, EVOLUCIONADO Y DIVINO

  1. […] considero que constituye el Pegamento de Dios, tal y como adelantaba en otro de mis artículos -El amor Humano, Evolucionado y Divino-, publicado en nuestro segundo número de Serendipity in the Way, en el que mostraba mi visión […]

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