CAMINANDO DEL VIEJO AL NUEVO PARADIGMA

9 enero, 2013
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Un paradigma es un conjunto de ideas, pensamientos y creencias que son incorporadas, generalmente, durante la primera etapa de nuestra vida, y que son aceptadas como verdaderas o falsas, sin ponerlas a prueba con un nuevo análisis. Este significado de “paradigma” guarda cierta similitud con el de “dogma”. Ambos representan una serie de creencias inamovibles e indudables que son establecidas como ciertas; parece ser que con el fin de no volver a pasar por los mismos senderos que anduvieron los que nos precedieron, y de esta manera perder el tan «valioso» tiempo de nuestra época.

Desde que nacemos, nos son impuestas una serie de creencias que nos acompañan el resto de nuestras vidas. En ocasiones, estas son marcadas a fuego en nosotros y condicionan cada paso que damos por nuestro particular sendero. Existen creencias de todo tipo. Todas ellas, en conjunto, componen el paradigma sobre el que se basa nuestra realidad. Las creencias pueden ser de muchos tipos y ligadas a diversos temas: «nadie puede cambiar, menos si se encuentra ya en la edad adulta», «los padres deben querer a sus hijos», «los hijos deben respeto a los padres, sin importar que estos lo merezcan o no», «el éxito profesional y económico trae la felicidad», «quien hace cosas malas es malo»; «no podemos volar», «nacemos y morimos», «la Tierra es plana y el Sol da vueltas alrededor de ella», «el mal es el contrario del bien» o «nada puede viajar más rápido que la luz». Curiosamente, toda creencia es válida hasta que se demuestra que no es cierta. Esto es algo que a lo largo de nuestra historia se ha repetido una y otra vez.

Existe un paradigma personal, familiar y social, de la misma manera que existen un paradigma científico, religioso, histórico o filosófico, entre otros. Todos ellos se complementan, y todos ellos acaban formulando el paradigma reinante, sobre el que se basa toda nuestra realidad como civilización. No parece, pues, un concepto de poca relevancia, que no tenga gran afección en nuestra vida cotidiana.

Puede parecer lógico que, como individuos que conformamos un grupo de personas, confiemos en aquello que nos dicen nuestros «expertos». Pero tan lógico o más resulta es pensar que mientras hacemos esto sin ningún tipo de control, acabamos convirtiéndonos en auténticos ignorantes con un potencial inabarcable para ser manipulados al antojo de unos pocos, o lo que es peor, por nosotros mismos.

Paul Joseph Goebbels, antiguo ministro de propaganda de la Alemania Nacional Socialista, y amigo íntimo de Adolf Hitler, decía: «Una mentira mil veces repetida se transforma en verdad». Lo peor de esto es que esta mentira, en la mayoría de las ocasiones, nos acaba llegando por medio de personas en las que confiamos, nuestros padres, profesores, amigos, etc. Al final, toda mentira se convierte en una verdad más o menos incuestionable, dependiendo, primero de su procedencia, y segundo, de la seguridad de quien nos la transmite. Si quien nos transmite la mentira la da como cierta y está convencido de ella, nosotros la daremos como tal, más si cabe, si esta proviene de alguien a quien respetamos y en quien confiamos. Nosotros mismos somos, en muchísimas ocasiones, los mensajeros de grandes mentiras, que sin saberlo condicionan la vida de nuestros seres queridos; en muchos casos, lamentablemente, para mal.

Constantemente existen personas que desafían el paradigma reinante; ha sido así desde de que el hombre es hombre. Esto nos ha permitido transcender la realidad imperante y evolucionar como individuos y como grupo.

En estos momentos, como no podía ser de otra forma, son miles las personas en todo el mundo que proponen un cambio de paradigma. Estas personas, muchas de ellas eminencias en su campo, basan sus afirmaciones en miles de descubrimientos científicos que se llevan produciendo desde hace ya muchos años, y que abarcan multitud de campos, la mecánica cuántica, la neurociencia, la medicina, etc.

Este cambio de paradigma que proponemos un grupo cada día más numeroso de personas tiene una especial particularidad, ¿cuál? Este paradigma propuesto se asemeja enormemente al que compartían muchas de las culturas de la antigüedad. Curiosamente, nuestro paradigma actual nos ha hecho creer que esas culturas poseían conocimientos mucho menos avanzados de los que tenemos ahora.

«Una cabeza abierta es la mejor manera de no abrirse la cabeza».

Daniel Sotelino dirige la revista digital Serendipity in the Way, en ella escribe de forma habitual y comparte con todo aquel que así lo desea, su visión personal del universo y su forma de entender la vida. Daniel Sotelino es autor del libro "La Fórmula de la Felicidad". En él comparte la sabiduría encontrada a lo largo de la historia y ofrece las claves para alcanzar esa FELICIDAD con mayúsculas que todos anhelamos en lo más profundo de nuestros corazones.
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