EL TEATRO DE LA VIDA Y MI PERSONAJE HUMANO

9 enero, 2013
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El actor y el personaje

Siento esta conciencia de “Ser”, que en términos humanos, es como el actor que desde su plasticidad y conocimiento del sentido del personaje y de la historia, se lanza a representar un rol transitorio, en un espacio-tiempo determinado, que le aportará experiencia, expansión… para luego, nuevamente, centrarse en su realidad de infinitas posibilidades creativas, la cual está presente siempre y es la guía del personaje también.

Para vivir esta experiencia humana, en este planeta con su realidad densa, necesitamos un traje adaptador como el que un humano se coloca para ir al espacio. Este traje es el cuerpo físico con sus capacidades sensoriales y emocionales que nos permiten percibir de manera particular las circunstancias, información que es procesada por el campo mental, lo que a su vez, realimenta la percepción en un continuo movimiento energético. Si todo este proceso está anclado en el momento presente y es observado por la Conciencia, nos sentimos centrados en nuestro corazón y en la paz de estar plenos, pero si nuestra percepción está alterada en algún punto, el sistema completo se desarmoniza.

Algunos puntos comunes de desestabilización del sistema son:

  • Olvidar que somos conciencia en una experiencia humana, confundiendo al personaje con el actor u olvidando totalmente al actor, lo que nos hace creer que la realidad del personaje es “la realidad total”, desvirtuando el sentido y significado original de la experiencia.
  • Creer que somos el traje, lo que nos hace identificarnos con la información que este nos entrega, sea lo que percibe con los sentidos, las emociones que experimenta o los procesos mentales que genera, lo cual se agrava aún más, si creemos que esta información está separada y tiene distinto valor según de qué receptor (físico, mental o emocional) lo estemos recibiendo.
  • Remplazar la experiencia con la creación mental, colocando nuestra atención en una cadena desenfrenada de imágenes mentales, que además, suelen estar relacionadas con el pasado o el futuro, lo que aumenta su condición de ficticias, pues la experiencia real sucede en la relación consiente con lo que acontece y eso ocurre sólo en el presente.
  • Creer que el mal funcionamiento del tarje es normal, cuando en realidad, son toques de un despertador para que volvamos a conectarnos con la experiencia, pues al centrarnos en un mental inconsciente que genera imágenes que nos ausentan de la experiencia y nos activan emociones relacionadas con ese descontrol, como el miedo y sus derivados; angustia, ira, frustración… la cadena continúa sus procesos, afectando al cuerpo físico, que responde enviando síntomas para detener la desconexión.
  • Confundir salud con eliminación de síntomas, cuando salud, es el estado de armonía que le corresponde a la experiencia de un humano que habita un campo energético coherente, producto de su conexión consiente con la experiencia presente y que siente gratitud por ello.

 

La vida y la obra

Cuando presenciamos una película o participamos de la creación de una obra dramática (texto para ser representado), hay “ingredientes fundamentales” para que la historia sea entretenida y mantenga nuestra atención, nos entregue un mensaje coherente, e idealmente, nos deje un aprendizaje. Algunos de ellos son:

  • Conflicto central y conflictos menores, se desencadenan para que los personajes enfrenten situaciones que los lleven a experimentar diversas capacidades, que les permitan ir descubriéndose y desarrollándose; a la vez que es la energía que permite el avance y desenvolvimiento de la historia y el mensaje que esta transmite.
  • Contradicción, es un estado interno que permite un momento de detención y reflexión en los personajes, para integrar la dualidad que está percibiendo en una circunstancia y avanzar luego en integración.
  • Dificultad, es el grado menor de interferencia en una acción, y se presenta para detenernos y que nos permitamos acceder a más opciones en el “cómo” desarrollar la acción o para aumentar la atención que estamos poniendo en esta.

En el arte dramático, estos elementos son fundamentales y está clarísimo su aporte. Sin embargo en nuestras vidas, estas palabras parecen ser el enemigo encarnado, pues identificamos la resistencia a nuestros deseos o interferencia en nuestros planes como algo negativo, y por lo tanto, indeseable,

Los invito a releer estas breves definiciones que nos regalan el teatro y el cine, estas artes que son formas de reflejos estilizados de nuestra experiencia de vida, y por lo tanto, un espejo en el cual mirarnos, Así descubrirán la inmensa utilidad y sentido de estos ingredientes en vuestra historia y podrán integrarlos con una aceptación sabia que permite evolucionar.

 

Donde ocurre la historia, donde ocurre la vida

Cuando pensamos en una historia o en nuestra propia vida, acostumbramos situarla en un tiempo lineal, compuesto por pasado-presente-futuro, dramáticamente decimos, presentación-nudo-desenlace de la obra. Si nos referimos al espacio-tiempo, diríamos que el espacio es el teatro y el tiempo lo que dura la obra, en la vida humana el espacio es el planeta y el tiempo lo que va de nuestro nacimiento hasta nuestra muerte. En este punto es bueno recordar que, para el actor y la conciencia, este espacio-tiempo es solo un lugar y un personaje de la infinidad de posibilidades que experimentan en su existencia.

Descubramos cuál es la célula de este organismo:

  • La historia se cuenta a través de una cadena de situaciones, donde cada una en sí misma es, a su vez, una pequeña historia (las escenas), y no siempre podemos comprender inmediatamente la relación y colaboración que tienen entre sí para narrar la historia total, piezas de un rompecabezas que entregan la información que contienen y agregan sentido según como se van desplegando.
  • La situación se manifiesta a través de una cadena consecutiva de acciones, las que surgen de las necesidades y objetivos del personaje, el por qué y el para qué se ejecuta la acción, preguntas claves para darle sentido a lo que hacemos, y así, ser coherentes en la narración.
  • La acción es el espacio a través del cual sucede la obra y se expresan los personajes, la célula del organismo. Y dependerá del sentido que se le dé y de cómo se ejecute, que tomarán vida el personaje y la obra. Un actor logra representar con total eficiencia su personaje, cuando experimenta totalmente el momento presente de la acción, integrando los procesos internos que se sucintan a partir de ella; emociones y pensamientos que lo empujan a la siguiente acción.

En nuestra vida, muchas veces nos perdemos en tratar de comprender inmediatamente el significado de todo y nos desviamos aún más, calificando los hechos, las personas y a nosotros mismos en bueno o malo y un sin fin más de blancos o negros que no son más que aleteos de ignorancia. Nos angustiamos en la falta de sentido de nuestra existencia, cuando, en realidad, no sabemos o hemos olvidado darle sentido a lo que hacemos y ejercer nuestro libre albedrío, decidiendo cómo realizarlo; pues ahí está ocurriendo realmente nuestra vida, aquí y ahora, en ningún otro lugar, en ningún otro tiempo.

 

Mi vida, tu película

En el mundo dramático sabemos que lo central es el mensaje que entrega la obra al público y que los personajes, indistintamente de su protagonismo, están al servicio de esta misión; y que, por otro lado, el actor tiene la bendición de experimentar este espacio paralelo que lo llena de sabiduría, disfrute y realización, como vivir varias vidas en una sola encarnación y colaborando en la vida de otros, los que observan.

En nuestra vida, somos protagonista de la historia, pero el significado de esto está distorsionado. Tendemos a creer que la única historia que se cuenta es la nuestra, o al menos, la más importante y que, por lo tanto, nuestra visión es la que debe prevalecer; creencia que parte de lo que llamamos ego, por eso nos importa tanto “tener la razón”. Cuando, en realidad, el protagonismo debería provocar un estado de gratitud, porque la película se está haciendo y eso es una maravillosa oportunidad de expansión. Gratitud hacia todos los otros personajes que participan de ella, sean cuales sean sus características y su rol, pues están al servicio de contar mi historia y ayudarme a evolucionar al interior de esta. Un protagonismo que me haga preguntarme, ¿qué tengo que aprender de esto que está sucediendo?, ¿qué tengo que aprender de esta persona?

  • Tendríamos que entender, entonces, que cada uno, cada habitante de este planeta, está viviendo su propia película, donde legítimamente es el protagonista, lo que genera un Multiverso en la suma e intersección de los Universos que cada uno somos. Entonces, a través de esta sola representación humana, este yo que experimento, existe en múltiples películas paralelas, en la de cada persona que he conocido; es más, en algunas ya no estoy y en otras aún no he participado…, en todas voy como un personaje secundario, con más o menos participación, pero fundamental, si no, no estaría en ella… Y son diferentes roles, pero el personaje es el mismo, ese que soy, he sido, o seré en ese momento; el mensaje perfecto que debe recibir, a través de mí, el protagonista de esa historia, a partir de ser y estar, la misma tarea que desempeño en el rol protagónico de mi película.

Un actor logra representar con total eficiencia su personaje, cuando experimenta totalmente el momento presente de la acción, integrando los procesos internos que se sucintan a partir de ella; emociones y pensamientos que lo empujan a la siguiente acción.

 

 

Marcela Fuster Gómez es Licenciada en Artes, Terapeuta y Escritora.
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