LA DUDA, MI NUEVA AMIGA

15 febrero, 2013
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La Duda irrumpe, y hoy, en lugar de permitir que me confunda, me doy cuenta de que tengo otra alternativa. ¿Y si decidiera darle la bienvenida a la Duda, recibirla con los brazos abiertos, en lugar de dejar que me empantane? Veamos. Cuando algo resuena como «no», es simplemente «no»; y cuando algo resuena como «sí», es simplemente «sí», sin cuestionamiento ni juicio. «¿Lo vas a llamar?» «No, voy a mandarle un mail esta noche». Transparente. Sin rodeos. Sin embargo, la Duda nos ofrece alternativas, y de cara a la elección, tememos equivocarnos, ¿verdad? ¿Y si no hubiera elecciones acertadas o desacertadas?

¿Qué tal si antes de encarnar, nuestra alma dispuso un cierto número de puertas para que abramos y crucemos? En ese escenario, el universo se va a asegurar de que lleguemos al mayor número posible de puertas en esta vida, y aquellas que no lleguemos a cruzar serán asignadas para la próxima vez. Digamos que la puerta número uno aparece fácilmente, es la familia en la cual nacemos. La puerta número dos podría ser la escuela a la que asistimos, también fácil de encontrar, porque no solemos elegir escuela para nosotros. Y luego la puerta número tres podría ser nuestro primer amor, también imposible evitarla. Sin embargo, a medida que vamos creciendo, algunas puertas no se ven ni se encuentran tan fácilmente, ir de una a la otra requiere algún tipo de aprendizaje en el «camino de ladrillo amarillo». Así que, a medida que caminamos, se nos cruzan personajes con el solo propósito de acercarnos a la siguiente puerta. Cuando hay una sola forma de llegar, no hay duda ni titubeos, salvo quizá la decisión de continuar, descansar un rato o rendirnos, pero aparte de eso, el camino está marcado. Ahora digamos que llegamos a una intersección, una bifurcación. Inmersos en la dualidad, creemos que solo una opción nos lleva a la felicidad, mientras que todas las demás nos condenarán. ¿Qué tal si no fuera así, en absoluto? ¿Qué tal si la bifurcación es nuestro Ser Superior diciéndonos: «Cualquiera de estos caminos te llevarán a la siguiente puerta, la única diferencia está en el trayecto. Podés tomar el trayecto doloroso y solitario; podés tomar el que está lleno de enojo y quejas; podés tomar el trayecto fácil lleno de color y alegría; podés elegir caminarlo solo; podés llamar a un guía; podés ir con un compañero; podés elegir un maestro… Hasta, incluso, podés encontrar la forma de cambiar de trayecto en cualquier momento que gustes. Podés elegir. Sinceramente, no me importa cómo llegues a la próxima puerta, porque cualquier sendero que escojas te llevará allí»?

Por lo tanto, a la luz de esta verdad (la llamo «verdad» porque esta línea resuena ciento por ciento conmigo), ¡la duda es una oportunidad maravillosa! Y con múltiples opciones a mis pies, todavía tengo una alternativa más: Puedo jugar y elegir con los ojos vendados o puedo elegir conscientemente, haciendo preguntas hasta descubrir qué resuena más conmigo. Mis preguntas típicas serían: «¿Por qué me peleo tanto con la opción X? ¿A qué estoy resistiéndome? ¿Qué opción es la más fácil y alegre? ¿Qué opción será la más expansiva? ¿Qué opción me traerá las reflexiones más ricas? ¿Cuál es la más divertida? ¿Qué otras preguntas puedo hacer para elegir el sendero más agradable?»

Y así, con el simple arrojo de recibir con gusto a la Duda y jugar con ella, ya estoy siendo divertida, juguetona y alegre, permitiendo que el sendero alineado con esa vibración se ilumine solo. ¿Y si todo lo que llamamos «realidad» puede ser un juego divertido? ¿Y si pudiéramos convertir en amigos a todos nuestros demonios, que como la Duda, lo único que piden cuando se presentan es alguien con quién jugar?

Esta reflexión surgió hace unos días, cuando me debatía entre dos opciones, y como jugar a expandir la consciencia ya es un juego cada vez más divertido, surgió la alternativa. Luego de celebrarla, la puse inmediatamente en práctica, y ¿sabés una cosa? Funcionó mágicamente. Una de las dos opciones se presentó como la más luminosa, y supe claramente que la otra no era “mala” ni “equivocada”, solo alargaría un poco el sendero y lo haría un poco más pesado y solitario. Y fue entonces que, así como llegó, mi amiga la Duda se fue, contenta de haber jugado después de mucho tiempo, en busca de otra alma con quien jugar.

 

Carolina es profesora y traductora técnico-literaria de inglés. Disfruta escribir su propio material en sus blogs en español y en inglés, y es la creadora de Awakening in English, una poderosa sinergia de prácticas de inglés y crecimiento personal.
Carolina Iglesias
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