ALTERNATIVAS: OTRAS ESTRUCTURAS ECONÓMICAS

14 febrero, 2013
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En el número anterior, hablábamos de que, afortunadamente, la crisis global no se queda sin respuesta posible, sino que hay mucha gente que se ha puesto en marcha, con alternativas realmente interesantes a las que podemos unirnos, superando el fatalismo y sin caer en la trampa de la perfección, del todo o nada. Estuvimos comentando las opciones que encontramos sobre Banca Ética. Hoy hablaremos de otras alternativas más locales y sencillas, más centradas en estructuras creadas en el ámbito del ciudadano de a pie, como algo asociativo. Algo no planteado como una respuesta desde la idea de ” un banco de otra forma”, sino como una materialización de la solidaridad y cooperación que, de forma natural, existe entre la gente que vive en el mismo entorno social; ya hablemos de pueblo, barrio, ciudad… esa gente que sabe que es más fácil salir adelante formando parte del tejido social local, en lugar de “hacer la guerra por su cuenta”.

Todo esto volvería a sonar (como en el caso del artículo anterior) a palabras bonitas pero vacías de contenido, si no pasáramos a ver más sobre el terreno, cómo se materializa.

La idea fundamental se basa en el ancestral concepto del trueque. El intercambio directo de bienes y servicios, sin intervenir otra estructura que el acuerdo entre las dos partes. Por ejemplo, los intercambios de frutos entre huertas; o cuando alguien te enseñaba a hacer algo, a cambio de que tú le enseñases otra cosa. Algo que siempre funcionó y que probablemente no dejará de funcionar nunca.

Pero claro; todos sabemos que el dinero surgió un día porque estos intercambios no siempre eran sencillos ni interesantes para las dos partes. A veces, yo quería algo que me lo podía ofrecer alguien a quien no le interesaba lo que yo podía ofrecerle. O en ocasiones, no era sencillo establecer el precio de forma que ambas prestaciones quedasen compensadas para ambos. El dinero permitía que los precios quedasen establecidos de una forma clara y concreta, y que no fuese necesario un intercambio recíproco; lo que yo iba a recibir por hacer mi prestación, me permitía acceder a otros bienes o servicios que no necesariamente eran los que la otra parte podía ofrecerme. Esto fue una ventaja muy importante, no vamos ahora a negar lo evidente.

En el trueque moderno que estas “nuevas” estructuras han creado, esto ya no es un problema. O bien, se establece una unidad monetaria creada especialmente para el ámbito de la asociación, o se recurre a la unidad de tiempo como baremo y moneda en los intercambios. De esta forma, podemos hacer que el trueque sea multirecíproco (ya no necesito que el socio al que le hago un servicio me pague con otro servicio suyo, sino que me pagará en la moneda local, o en tiempo), y además conseguimos que sea sencillo establecer precios.

Alguien preguntará: ¿qué diferencia hay entre utilizar una moneda especial dentro de nuestro sistema de trueque con utilizar la de uso común? ¿Para qué nos sirve establecer nuestra propia unidad monetaria dentro de nuestro círculo de trueques? La pregunta no es mala, pero tiene fácil respuesta: hacemos un “dinero” que no está sujeto a tipos de interés, y hacemos que el dinero no salga de nuestro sistema; con esto, vamos directamente a los principales problemas del dinero oficial hoy en día.

Podemos decir, entonces, que las asociaciones que emplean el tiempo como unidad de cambio, son conocidas como Bancos del Tiempo. Estos sistemas están actualmente bastante extendidos; podemos encontrarlos en muchas capitales. Y de nuevo, recordar a todos que hablamos desde la práctica; conozco de primera mano, el Banco del Tiempo de mi localidad, y puedo decir que lleva ya años funcionando y con bastante buena salud. Al final, se trata de un entorno asociativo en el que, no sólo se intercambian bienes y servicios, sino que también, se realizan múltiples actividades culturales y de ocio; y cuenta con socios de, prácticamente, todo rango de edad.

Por otro lado, tenemos a los más “clásicos” clubs de trueque e intercambio, que emplean otro tipo de moneda alternativa. A veces tienen problemas para determinar la moneda a utilizar, y ciertas dificultades para llegar a acuerdos con los precios. Se puede encontrar información abundante en internet respecto de ellos, y también los encontramos en multitud de poblaciones.

En cualquier caso, las opciones para entrar en una asociación de este tipo son grandes, ya que en la mayor parte del territorio español están bastante extendidos; si bien puede, ser necesario conectar con el colectivo de gente de la localidad que está en contacto con el mundo asociativo o de voluntariado.

De todas formas, una gran ventaja de esto es que, si no lo hay en nuestro entorno… ¡lo podemos crear! Sí, alguien lo hizo alguna vez; no existen desde siempre. Podemos contactar con algún grupo que ya esté en marcha en otra población, buscando: “banco del tiempo” en internet. Seguro que estárán encantados de ayudarnos a poner algo nuevo en marcha en nuestra zona.

Y algo más que me gustaría comentar. He conocido alguna experiencia de este tipo, cuya principal dificultad es que no se daban apenas intercambios. Esto ha preocupado mucho en los debates internos, y en mi opinión, en la mayoría de los casos, tiene una explicación sencilla: muchas veces, la gente ofrece, pensando en sí misma más que pensando en los demás. No se para a pensar qué servicios u ofertas pueden ser realmente interesantes para los miembros de la asociación, sino que, simplemente, piensa en lo que más le gusta hacer, independientemente de la demanda que dicha actividad pueda tener. Así, no es raro el caso en el que casi la mitad de los socios ofrecen masajes o terapias de todo tipo, mientras que no pueden conseguir otros servicios básicos que necesitarían más frecuentemente en su día a día. Y es que sólo cuando entendemos que el desarrollo del grupo es lo que facilita el nuestro propio, hacemos que este tipo de iniciativas funcionen.

Dicho esto, sólo me queda recomendar al lector lanzarse a esta bonita aventura de formar parte de algún club de trueque o Banco del Tiempo; o en su defecto, armarse de valor y paciencia, y ponerse a crear uno. Sin olvidar que algo así estructuralmente funciona, ya está todo pensado e inventado. Sólo falta que nosotros permitamos que funcione, atreviéndonos a salir de nosotros mismos, nuestras comodidades y seguridades… y vivir con el reto de ir creando grupo y comunidad, día a día, con nuestro funcionamiento y trayectoria personal. Porque la conciencia de grupo no surge de la nada, tendremos que alimentarla nosotros. Y no será suficiente declarar y argumentar ideológicamente a su favor, desde una mesa, desde una cafetería o desde un ordenador. Tendremos que estar, participar… y atrevernos a descubrir que la perfección no existe, por impecables que sean los planteamientos teóricos, desde el momento en que es algo llevado a cabo por personas imperfectas como usted y como yo.

¿Qué le parece? ¿Nos atrevemos a crear una nueva estructura, social y económica, desde nosotros y nuestros vecinos? Pese a que no se trate de “la aventura perfecta que siempre soñamos…”.

 

José Luis López de Ciordia
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